El Tribunal Supremo ha desestimado la petición de indulto para la condena al alcalde de Vila-real, Manolo Vilanova, y al gerente de Rocersa, Pere Llop. No me parece nada extraordinario. Difícilmente el Supremo se contradice de una sentencia suya. Por algo es el Supremo. Es decir, y sin ser ni mucho menos especialista en leyes y sentencias, me parece normal y hasta razonable. Lo extraño hubiera sido que les indultara el mismo Tribunal Supremo que les condenó.
Me sabe mal. Conozco a los dos. Me caen muy bien ambos. He coincidido por mi trabajo muchas veces con ellos. Me lo he pasado bien con su compañía. Para no mentiros, he compartido hasta mesa y mantel. Pero claro, yo ni soy juez, ni abogado, ni intento serlo. Una cosa es la relación personal que he podido tener, y la otra sus responsabilidades, uno como primera autoridad municipal y el otro como gerente de una empresa privada. Es más, posiblemente una vez leída la sentencia condenatoria, si hubiera sido yo el alcalde o el gerente, hubiera actuado de una forma similar. Tal vez quienes no conocen el entorno de la empresa en cuestión, no lo entiendan. Tampoco intento convencer a nadie de ello. Es simplemente una apreciación personal. Ahora bien, como ciudadano-contribuyente de Vila-real que soy, me sorprendo del aparente nefasto asesoramiento que ha tenido mi alcalde, mi Ayuntamiento, en un tema como éste que yo calificaría de urbanístico - medioambiental - político - social - laboral - jurídico.
Dicho de otro modo, al menos que sirva para que los Ayuntamientos, en plural porque me consta que muchos, por no decir todos, a raíz de la sentencia, están actuando de un modo muy diferente en estos asuntos que aparentemente no son tan graves, pero que legalmente son muy complicados.
Desde aquí mi aprecio personal y apoyo moral, tanto a Pere como a Manolo, siendo consciente de que se les denunció y juzgó, por el cargo que ostentaban y por unas decisiones que adoptaron, que ahora con el paso del tiempo, es obvio que no fueron las más acertadas. Bien por ellos, bien por quienes les asesoraron, y en el caso de Manolo, posiblemente también por quienes le precedieron en el cargo, que si mal no recuerdo – y puede que no recuerde bien - en concreto era Enrique Ayet como alcalde y Francisco Valverde como concejal de urbanismo y medio ambiente, cuando se inició todo el proceso de denuncias.
Ahora les queda el indulto del Gobierno de España. Y si tiene que ser como la negativa a aumentar el número de jueces en Vila-real para crear la figura de Magistrado, o la opinión vertida por el secretario de organización del PSOE José Blanco, cuando vino a apadrinar al candidato socialista a la alcaldía de Vila-real, José Benlloch, me parece que ninguna buena noticia llegará a los dos condenados.
Y queda claro que una cosa es lo que la conciencia de cada uno y la lógica pueda parecernos y otra muy distinta lo que la legislación vigente pueda permitir. Me refiero a éste asunto en concreto, pero también al asunto del ex jefe de la policía local, el agente que denunció el coche oficial del alcalde después de indicarle donde debía estacionarlo o el despido de dos empleados de protección civil. Es que desde luego, Manolo ha sido demasiado buena persona. En la otra vida, si ejerce otra vez de alcalde, que haga el favor de dejarse su bondad en casa y actuar de primera autoridad con la cautela y concisión que el cargo y la responsabilidad conllevan.